::frescota::

PERGAMINO

Por un momento decidí parar en seco, para ver que no sabía ni cómo había llegado a dónde estaba. Hubo un objetivo en algún momento, y el sistema hizo lo demás. Me arrastró a una vida de estrés y metas instantáneas, calibradas por un sensor de la felicidad basado en el corto plazo. Hoy arriba, mañana abajo, hoy Barcelona, mañana Londres. Daba igual, tenía el piloto automático puesto y me llevaba a destino “ no sé dónde”.

Hasta ese día, en esa cafetería de Medellín. Jamás había probado un café así, una experiencia tan abrumadora con algo tan rutinario como mi bebida matutina. Me hizo pensar. Era para aquel entonces, el mejor café del mundo, y sin embargo desprendía paciencia y cuidado. Qué pasaba? No sabía a inmediatez, sabía a paz. Investigué, y me contaron con pasión cómo era todo el proceso hasta que el café llega a la mesa, en grano, para conservar su frescura. Cómo se tostaba en función de la zona y la cosecha, la temperatura y todos los variantes que podía haber en su proceso. Claro, pensé, así tiene sentido que no puedas olvidar su sabor, su aroma.

Recapitulé y conecté ahí, en Medellín, con mi hogar, mi propósito vital, mi familia. Quería volver a casa, hacía tiempo, pero no me había dado el momento de sentirlo.

Al abrir la puerta de casa *, me di cuenta de la suerte que tenía. Ese pasillo con techos kilométricos que me lleva a la luz, al salón con cocina abierta que en su día me hizo Vinçon. Abrí el gran ventanal y me dejé abrazar por el sol de Barcelona, sabiendo que ahí, en ese mismo instante, nacía mi nuevo yo. La vida son dos días, y hay que vivirla y saborearla como del mejor café del mundo se tratara.

*La casa tiene 115m2 + 50m2. 3 habitaciones dobles que ventilan a patio, una de ellas en suite, las otras comparten un baño del pasillo. Salón con cocina abierta y galería con comedor con salida a terraza soleada todo el día. Está en Grand e Gracia justo por encima de Jardinets, y disponible el 1 de Julio.

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