::frescota::

LA MAGGIA

La melancolía inundó su cuerpo al recorrer por última vez el piso. Su estudio al final del pasillo, la habitación con vistas a su pequeña colección de plantas, la cocina en la que tantas recetas había aprendido… su hogar. El único espacio que había conocido de adulta, su zona de confort en mayúsculas. Era perfecto.

Encendió su último cigarro en la gran terraza y recordó esa canción de Vetusta que tanto le gustaba.

“Dejarse llevar suena demasiado bien

Jugar al azar
Nunca saber dónde puedes terminar
O empezar”

Dejarse llevar y cumplir sus sueños, ya había llegado ahí. Qué vértigo.

Pero fue al ver su foto de pequeña cuando conectó con su objetivo y la melancolía se transformó en una parte de ella, en un recuerdo con cariño, sin tristeza. Por fin iba a conocer mundo y a vivir todas las nuevas aventuras con las que había soñado. El vértigo pasó a ser un salto con triple voltereta, melena al viento. Donde dije melancolía digo euforia, nervios sanos, emoción.

Le crecieron alas, y echó a volar. Su destino, La Maggia, en Suiza.

Flecha divisoria